Esperas al Jabalí


Aguardo 31- 04- 2018

Autor Tema: Aguardo 31- 04- 2018  (Leído 1302 veces)

Desconectado Jabali270

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Aguardo 31- 04- 2018
« en: Julio 20, 2018, 09:17:47 pm »
Por vivir a 300 Kilómetros de la zona donde suelo aguardar me veo en la obligación de poner cámaras de esas, trailcam o algo así las llaman, para intentar tener controlados a los cochinos, siendo muy de cuando en vez que doy con alguno que merece la pena aguardarlo y entonces pongo manos a la obra y no hago otra cosa que pensar en él. Sé que nos quita horas de pisteo, que no es lo normal en quienes amamos este tipo de caza, que nos quita sabiduría y nos hace mucho más fácil el camino hasta llegar a dar con el guarro que andamos buscando, pero es que, en mi caso, no me queda más remedio que utilizarlas. Renovarse o morir ó mejor dicho, buscarse la vida como buenamente puede uno.

El 3 de febrero de este año nos fuimos a dormir mi mujer y yo al cortijo tras haber acudido por el día a una montería en Alía (Cáceres) y al llegar muy tarde y haber anochecido ya no se me ocurrió ponerme un rato, aunque hubiera sido allí abajo, en el puntal del pozo a hacer escucha, sin entrar en el monte para no espantar. Sencillamente decidimos echar una lumbre y asar unas chuletas e irnos a dormir. Ni que decir tiene que al levantarme, temprano, como de costumbre para ir a pistear las entradas y salidas del monte de los cochinos, me fui a registrar una cámara que había dejado hacía unos días en un paso muy querencioso en el barranco. Y cual fue mi sorpresa que en una de las fotos de la misma noche anterior, a las diez y diez de la noche exactamente, lucía espectacular un cochino impresionante.

 Parado, atravesado, montado de los cuartos delanteros, con unos poderosos pechos, una cabeza inmensa y esos ojillos vivarachos como desperezándose a medio entornar, los cuartos traseros caídos y engallado, como mirando con las orejas empinadas hacia ese objetivo que lo acababa de sacar tan guapo. Algo en la noche había interrumpido su careo y lo había sorprendido en mitad de la vereda. Fijándome en el sitio donde lo había sacado la cámara comprobé en el suelo una pisada muy buena, una pezuña ancha con las puntas de las uñas romas y se dejaban entrever los cascabillos que marcaban perfectamente el peso de aquel animal, pero en la mano contraria, la derecha una especie de hoyo en el suelo, un puñetazo marcado a fuego como si hubiera pataleado al sentirse observado por el objetivo de la cámara, un puñetazo pero sin pezuñas, lo cual me llevó a pensar  que aquel cochino estaba cojo de una mano. Algún tiro viejo, algún lazo, que los hay propensos a ponerlos, mucho más en estos lugares tan recónditos de Sierra Morena, habían hecho que perdiera la pezuña de esa mano y marcaba de esa manera en el suelo su huella.

Evita comentario decir que inmediatamente me puse manos a la obra y le preparé un comedero justo en la encina de enfrente a donde tenía puesta la cámara por si al mozo le daba por aquerenciarse en el lugar y podía en los días sucesivos, o meses, disfrutar de él todo lo que pudiera. Y le dejé la cámara puesta en el mismo sitio en espera de acontecimientos.

El barranco en cuestión trata de un lugar donde todo se vuelve diferente al caer la noche. Viejas encinas con sus tremendos ramerones colgando dan lugar en esas noches de invierno con la neblina que baja de la sierra a un lugar poco menos que encantado. El sordo vuelo del búho  real el barranco abajo en busca de su sustento me transporta cada vez que he aguardado allí a otro siglo, a otro de esos lugares soberbios de los cuentos de magos y hadas. Es un gustazo estar puesto bajo aquel manto de tenue luz que te envuelve cuando oscurece y la cabeza te lleva a pensar en noches mágicas con soberbios jabalíes de otra época, cuando los viejos arochos eran arochos de verdad. Pero la realidad me despertaba cada vez que me acordaba de aquella imagen en la foto del cochino.

Nos vinimos para Extremadura con la cabeza puesta en Sierra Morena, pensando en aquel jabalí y en que pasaran pronto quince días para volver, y revisar de nuevo aquel comedero. Pero nada más lejos de la realidad, aquel maíz que a diario tenían los cochinos lo había tomado una piarilla de tres cochinas con los rayones de una de ellas, ya a punto de destetarse, lo que me animó más en que el cochino se diera cuenta de las guarras y volviera por sus mismos pasos a encargarse de los amoríos de la cochina de los guarrillos, que en cuanto los destetara saldría alta de nuevo y podría traerme por sus fueros al magnífico guarro que no dejaba de ver a diario en la foto. Desde siempre he pensado que el mejor atrayente para los cochinos, y en este caso para un buen cochino, es precisamente eso… una piara de cochinos.

Tal cosa no ocurrió en un mes y medio. Hice aguardos allí, pasé horas y horas esperando, y a excepción de aquellas tres cochinas con sus crías, y dos guarretes solos más, el macareno no apareció.

Pero sí me llamó la atención en otra parte de la finca donde tengo otro comedero puesto con otra cámara, la imagen de un cochino como un toro, con esas cerdas inconfundibles del invierno, estaba aquerenciado casi a diario. Se trata de un sitio escondido en medio de un inmenso montarral donde no puedo ponerme a hacer un aguardo por que el cochino a la más mínima vuelta que dé me sacaría irremediablemente. Y fijándome muy bien en las fotos pude comprobar no menos sorprendido que se trataba del mismo cochino. Las formas tremendas de un guarrazo no se me podían pasar por alto nada más verlo. Esa jeta arrugada con las manchas blanquecinas de sus colmillos al flash de la cámara lo delataban de la misma manera que lo delataron aquel 3 de febrero cuando lo ví por primera vez en el barranco. Tampoco pasé por alto sus pistas. La mano ancha con sus pezuñas bien marcadas y el “puñetazo” en el suelo marcando su supuesta cojera de la otra mano hacían que fuera inconfundible y que se trataba del mismo guarro que le ví la pista y la foto  hacía ya bastantes días.

De manera que ya puesto manos a la obra con todos mis armamentos posibles me puse a indagar sus correrías por si me llevaban a sacar mis conclusiones de como esperarlo… y donde. En el comedero donde estaba fijo a diario no podía por lo que comentaba anteriormente. Lo podría esperar en el camino que baja al cortijo pero solo en el caso de que el cochino estuviera encamado en el puntal del lado opuesto, cosa que dudaba por vivir  por esa parte de la finca un pastor con su ganado y la molestia que le ocasionaría sería la que lo llevara a estar acostado en el mismo lado de donde tenía puesto el comedero. Pero unos metros más abajo, siguiendo el cauce de un pequeño vallejo se abre un claro en el monte de tierra colorada donde hace muchos años los guarros hicieron una baña y ahí sí le ví la pista de varios días. Podría esperarlo ahí cómodamente a la salida del monte una vez hubiera tomado su baño de barro colorado.

Y que mejor ocasión para ponerme a aguardarlo mucho más en serio que en Semana Santa. Dispondríamos de cinco días que pasaríamos en la finca para intentar localizarlo, cerrarle el cerco y dar con la cruz del visor del rifle en sus paletas. Llegó, por fin, la fecha prevista y nos marchamos el miércoles de la semana festiva al campo a pasar unos días.

Ni que decir tiene que el miércoles mismo me puse en el comedero del barranco sin poder revisar la cámara esa tarde con el fin de no dejar mis pistas y dejarles el paso libre. A excepción de las cochinas por allí no apareció nada más. Se hartaron de comer y cuando les pareció oportuno se marcharon en su careo aquellos barrancos abajo hacia el río.

Y por la mañana del jueves cuando me levanté y fui a revisar los comederos y las cámaras tuve una grata sorpresa… el cochino había estado de nuevo en el comedero del barranco. Fue el 19 de marzo y mucho más ánimo me dio verlo con las tres cochinas de los bermejos comiendo tranquilamente maíz. Solo una foto le sacó, parece que sabía dónde ponerse para no salir en una larga sesión y buscaba el sitio para comer donde no llegaba el objetivo ni el flash de la cámara. Pero sus inconfundibles hechuras lo delataban por cualquier lado que lo mirase.

No quise ponerme la noche del jueves en aquel lugar ya que me daba buena espina y barruntaba que el sitio exacto de esperarlo era en la baña. De manera que el jueves me subí dando un paseo y me acomodé lo mejor que pude sentado en una piedra con la espalda apoyada en el viejo tronco de una encina a tiro de la baña. Pero nada más lejos de la realidad, esa noche ni ví ni sentí nada.

Y a vueltas con el pisteo del viernes por la mañana me llenó de rabia ver que la mismísima noche del jueves, es decir, la que acababa de aguardar en la baña, el cochino con las guarras había estado en el comedero del barranco, donde más fácil lo tenía y donde había estado tres veces en dos meses. Lógicamente me tiraba de los pelos por haberlo tenido tan cerca y haberme empecinado en aguardarlo en el lugar erróneo. Así  es que ese mismo viernes me puse a andurrear por ahí viendo todas las posibles salidas del monte de aquel mozo del “puñetazo” en el suelo en todas las veredas que conocía y conozco de la finca, no viendo más que las pistas de las cochinas en dos veredas y las de dos cochinetes mucho más pequeños que no me interesaban lo más mínimo. Y le dejé la noche del viernes libre dedicando la tarde a recechar un precioso corzo que tenía visto y que después, el 14 de abril- día de mi cumpleaños- tuve la suerte de abatir, pero eso es harina de otro costal y parte de otro relato que si a alguien le interesa ya os contaré.

Y llegó la noche del sábado. Y por probar en el barranco nada perdía, por si al cochino le diera por entrar de nuevo, cosa que no tenía yo a mi favor  viendo la periodicidad con la que había entrado en dos meses, que se volviera a repetir. Pero bueno, no iba a estar pasando la tarde en el cortijo y en la baña por los resultados de la noche anterior, no quería tampoco ponerme por no abusar mucho de un puesto dos días seguidos.

-   Total, yo no pinto nada en el cortijo, me voy al barranco esta noche.- pensé.

Y a las ocho y media de la tarde del sábado, día 31 de marzo, estaba como un clavo sentado en una piedra detrás de unas jarillas y al amparo de un chaparro nuevo pero que alberga ya bastantes ramas para darme cobijo de la espléndida luna que ese día llenaba, con lo que la Lola estaría brillante y magnífica como siempre. A mi favor tenía que en el comedero, al estar en la parte umbría del barranco, la luna no lo alumbraría cuando saliera hasta estar bien entrada la noche, con lo que dispondría de una hora y media más o menos en que el guarro, en el caso de que entrara, podría comer a gusto tapado por las sombras de las encinas. A su vez el chaparro en el que estaba sentado me serviría de apoyo para el rifle en el caso de tener que utilizarlo, lo cual me daba muy buenas perspectivas.

Y no habían pasado ni diez minutos cuando asomó el barranco abajo un cochino de unos 50 kilos que pasaba de largo por la parte de abajo del comedero tapándose tras un enebro donde se quedó parado unos minutos, indeciso, sin saber si seguir o volverse. Y decidió por lo segundo, de un rabotazo salió que perdía el culo de nuevo aquel barranco arriba como si hubiera visto al mismísimo diablo. Yo, que no había hecho ni ademán de coger el rifle ni me moví, me limité a mirarlo con los prismáticos cuando el guarrete decidió volver a entrar, esta vez por la parte de arriba del comedero, y ahora sí, ponerse a comer tranquilamente el maíz que ya tenía en el suelo revuelto con el trigo.

Y embobado me quedé mirando sus reacciones y su forma de actuar con el fin de aprender y saber algo más de ellos en sus careos hasta que llegó la hora en que el sol se oculta y da paso a esos momentos en que  uno no sabe si es de día o de noche. La luna aún no había salido por la hoz de la Sierra de Herraderos cuando el cochino se quedó haciendo escucha mirando en dirección al puntal que quedaba enfrente de mí y a mi izquierda. Algo no debió ir bien cuando el animal, inquieto, pegó un salto y un bufido y salió como alma que lleva el diablo el barranco arriba de nuevo.

Cogí el rifle y lo apoyé en el tronco del chaparro sujetándolo con una mano y en la otra los prismáticos esperando acontecimientos e inmediatamente escuche el trote característico de la piarilla de las tres guarras con los guarretes directos al comedero. Con toda mi atención puesta en la escena todo aquello quedó paralizado con esa calma tensa que deja el campo en los momentos claves de cuando los cochinos van a entrar en un comedero. Y como si arrancaran a la misma vez empezaron a asomar bultos pequeños al claro que yo tenía enfrente y donde, supuestamente, se jugaría la vida el macareno, en el caso de venir con las hembras.

Los bermejos empezaron a comer y como por arte de magia asomaron a la vez por la parte de arriba, entre una frondosa madroña, tres cabezas que de frente a mí se pusieron a comer tranquilamente mientras los retoños se daban hocicazos unos a otros como queriendo disputarse el mejor bocado. Y justo en ese momento, a mi izquierda y por los mismos pasos de las cochinas un bufido tremendo sonó en el puntal…

En aquel momento lo comprendí todo. El cochino no se encamaba como yo pensaba y lo había marcado durante dos meses en la sierra… el cochino venía de los barrancos del río y subía tranquilamente detrás de las cochinas, de ahí que las pocas veces que la cámara lo sacó en ese comedero fuera a una hora muy temprana y en el comedero de arriba, saliera siempre solo y a la una o las dos de la mañana.

El temblor que me invadió ya lo pueden imaginar. Ni un ruido que lo delatara, ni un roce en una simple jara, ni una piedra volteada, nada, no escuché absolutamente nada… pero de repente, a la izquierda del comedero y por debajo justo de la cámara asomó la cabeza un cochino como un toro. Un cabezón negro, con el hocico arrugado y unos tufos soberbios en los lados de la mandíbula. Muy poco a poco se fue dejando ver el cuello, la paleta izquierda y a continuación el resto del cuerpo, como una sombra que flotara sobre la tierra. Y se descubrió.

En ese justo momento lo fijé con los prismáticos cuando el cochino dio seis u ocho pasos y se colocó atravesado, cuarteado a la izquierda del comedero, y visto desde mi posición a mi derecha. Estaba perfecto y me recreé un momento más con su imagen, un segundo más… sólo un segundo y se puso a comer tranquilo. Momento en que aproveché para soltar los prismáticos y afianzar el rifle en mi hombro. Poco a poco lo centré en el visor y fijé la cruz en su paleta izquierda… y sonó un zambombado.

Las cochinas salieron como un demonio aquella umbría arriba y en unas décimas de segundo se quedó todo en silencio. Y es ese momento en que la vista te la quita el fogonazo de la punta del caño del rifle cuando observé con los prismáticos el bulto negro enorme de un guarrazo que yacía sobre sus cuatro patas inmóvil, fulminado. En ese preciso instante, con los últimos estertores de la muerte el guarro se estremeció y rodó los ocho o diez metros que los separaban del arroyo, y lo escuché patalear en un charco de agua que corría con las lluvias de esa magnífica primavera de la que hemos gozado este año.

Respiré tranquilo y saqué de la pitillera un cigarro y fumé bajo la sombra del chaparro, de esos cigarros que sientan bien sabiendo que un guarrazo de esa categoría estaba muerto unos metros más abajo en lo más profundo del barranco. Una vez terminé el pitillo cogí el rifle y bajé a verlo, no costándome mucho dar con él.
Era sencillamente impresionante. Una cabeza enorme, con unos buenos colmillos, una coraza tremenda, dura como una piedra, los pechos fuertes cual toro bravo y muy musculado. Yacía entre una junquera del charco del arroyo un arocho de una vez, que tras caparlo y dejarlo al sereno, le puse mi gorra encima para que no lo tocasen los zorros y aprovechar su carne a la mañana siguiente bien tempranito. Y le cogí las manos pudiendo observar que una de ellas las tenía perfectamente y la otra le faltaba una uña, con lo cual la había desarrollado enormemente quedando como una especie de casco asemejado a un muñón, de ahí que cada vez que le ví la pista pareciera el “puñetazo” del suelo del que hablaba unos renglones más arriba.

Con el trabajo hecho y habiendo disfrutado de aquel cochino muerto a mis pies subí de nuevo el repecho hasta el puesto y me volví a sentar en la piedra donde había disfrutado tanto en esos momentos previos a dar con un balazo a aquel guarro en su codillo. Y en ese preciso instante asomaba la luna. Me acordé de mis abuelos, miré al cielo y a la misma vez dirigí mi mirada hacia la luna y le guiñé un ojo… ese guiño de complicidad y de agradecimiento por haber sido tantas noches mi aliada, aunque esta vez quedó como testigo mudo detrás de la sierra que le está viendo nacer continuamente. Ojalá nos volvamos a ver…

Desconectado APC

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #1 en: Julio 21, 2018, 12:32:34 am »
Cómo he disfrutado leyendo este relato. Gracias por llevarme al campo durante ese rato.

Y enhorabuena por el guarro, precioso.

Desconectado adol

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #2 en: Julio 21, 2018, 03:53:32 am »
es revivir la espera con mas lujo de detalles de que si te hubiesemos acompañado. Enhorabuena por el cochinaco y por transmitirlo de esa manera.
Si abates la mitad de lo que tiras, eres muy bueno, pero si tiras, solo, a lo que puedes abatir, eres de lo mejor.
La caza, la pesca y cuidar nuestro entorno, son nuestras herencias, respetemoslas.

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #3 en: Julio 21, 2018, 09:25:38 pm »
Joder compañero, lo que dice Adol , con todos esos detalles es como si hubiera estado siguiendo y cazando a ese cochino yo mismo. Enhorabuena por semejante animal y no pares de contar más relatos.

Desconectado Jabali270

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #4 en: Julio 22, 2018, 12:24:23 am »
Muchas Gracias, compañeros!!

Desconectado colmilloblanco

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #5 en: Julio 22, 2018, 10:08:46 am »
Jabali270 magnifico relato y estupendo jabali muy bien cazado mi enhorabuena.

Un saludo.
"Para tener enemigos no hace falta declarar una guerra; solo basta decir lo que se piensa".

Martin Luther King

Desconectado JUANFRAN

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #6 en: Julio 23, 2018, 10:07:39 am »
Hacía algún tiempo que no disfrutaba tanto con un relato jabalinero como este de JAVALI 270.  Nueva pluma de élite para este apartado de los relatos?.  Ojalá que sí.  Desde luego he pasado un gran rato con la lectura.

Desconectado Argoflauta

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #7 en: Julio 23, 2018, 03:38:21 pm »
Muy muy buen relato si señor, y mas con final feliz, enhorabuena por el relato y como no por el guarrazo!

Desconectado spanishhunter

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #8 en: Julio 24, 2018, 04:11:56 pm »
Excelente Relato!!!, Enhorabuena por el marrano. Ojalá podamos disfrutar de muchos mas relatos como este, que te hacen trasportarte al campo desde Madrid en 30 segundos de lectura.


Desconectado Jabali270

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #9 en: Julio 24, 2018, 10:12:57 pm »
Muchas Gracias, señores!! De lo que se trata en un relato es de que el lector "cace" desde el sofá de casa.

Saludos par todos!!

Desconectado Jondalar

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #10 en: Julio 25, 2018, 11:02:23 am »
Jabali270, enhorabuena por tan buen cochino y mejor relato. Muchas gracias por haberlo compartido

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #11 en: Julio 25, 2018, 07:08:18 pm »
Enhorabuena por el cochino y por el relato, con tanto lujo de detalles te transportas sin darte cuenta.
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Desconectado Jagd-DS

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #12 en: Julio 27, 2018, 01:10:46 am »
Soberbio relato Jabali270, mi más sincera enhorabuena, como bien dices he cazado contigo ese fabuloso macareno desde la pantalla de mi pc. De nuevo enhorabuena por el jabalí y el lance vivido y gracias por compartirlo con nosotros.

Desconectado PLA

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #13 en: Julio 27, 2018, 09:02:50 pm »
Jabalí 270 Acabo de cazar tú guarro aquí sentado en mi casa, pedazo relato con todo lujo de detalles impresionante compañero mi Enhorabuena!!!

Desconectado Jabali270

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Re:Aguardo 31- 04- 2018
« Respuesta #14 en: Agosto 01, 2018, 09:27:13 am »
Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios! La verdad, con compañeros así, da gusto cazar y relatar los aguardos.

Saludos.

 

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