Esperas al Jabalí


CHARCÓN DE AGUAS QUERENCIOSAS

Autor Tema: CHARCÓN DE AGUAS QUERENCIOSAS  (Leído 445 veces)

Desconectado Juan José

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CHARCÓN DE AGUAS QUERENCIOSAS
« en: Diciembre 21, 2019, 01:10:04 pm »
                                                              EL CHARCON DE AGUAS QUERENCIOSAS
En este charcón, formado en una ribera que se seca durante el verano. Y he aprendido mucho de los lances vividos. Me quito el sombrero antes ellos, los jabalíes.

 Todos los años suelo tirar en este lugar a tres o cuatro cochinos. Un año tuve la fortuna de contar hasta siete, entre los cuales me sonrió la suerte y abatí un plata. También llegué a indulta a uno al que seguí la pista durante un largo tiempo en el que aprendí mucho de sus artimañas. A pesar de ello, me la jugó en dos ocasiones. Me viene a la memoria cómo me entró el día que lo indulté. Aquella tarde-noche amenazaba tormenta de verano y estuve a punto de levantarme, pero la fiebre de espera me hizo aguantar. El charcón estaba muy tomado y eso me dio valor. Se levantó un fuerte viento del norte que, con la oscuridad de la noche como cómplice, me impidió sentirlo entrar. Se movió unos minutos por el charcón y no se delató hasta que se sumergió en la baña. Le podía escuchar sacudirse perfectamente. El corazón se me salía de la caja de la emoción. “Ya eres mío” …y de pronto, me quedé paralizado. Algo dentro de mí me decía que no lo tirara. Tenía el guarro a diez metros y la muerte a su lado. Me había encarado la escopeta – por entonces no tenía rifle-. Despacio la dirigí hacia el origen del ruido, ya  que no veía nada, y encendí el foco, que fusionaba con una batería que pesaba 10 kilos. El cochino, tumbado, se levantó como un rayo cuando le cegó la luz. Apunté unos segundos… hasta que grité: <<Ahí va el guarro>>. Y el guarro a los griteríos salió como un relámpago atrochando todo en su alocada huida y pasando a dos metros del puesto. Sentí una gran satisfacción por lo que había hecho. Hoy sigo sin saber lo que me pasó, pero cuando lo recuerdo aún me río… y de eso hace ya 46 años. Estos hechos juntos con muchos otros me animaron hace unos años, para plasmarlo en papel y animarme publicar mis libros de espera.
 
Estos hechos sucedieron en la temporada 2.010 y fue publicado por la revista Jara y Sedal AÑO X Nº 117 AGOSTO 2.011 …El esperista Invitado

                                                                                          Primer lance.
La finca, dehesa y siembras, no tiene manchas. Las más próxima están a 2 km. Pero los jabalíes no fallan ningún año. El primero que tiré la última temporada fue el 11 de agosto a las 22:30 horas. Era un guarro bueno. Los cochinos suelen entrar desde el norte y casi todos cogen la caja de la ribera hasta el charcón. Ese día soplaban los vientos del noroeste. A las 21:45 horas sentí un ruido lejano en la caja de la ribera. Estuve alerta, con el oído atento, pero no volví a escuchar nada. Debió de hacer unas cuantas paradas. Con vientos fuertes se mueven con muchos recelos y, efectivamente, cuando entró lo hizo en silencio. Lo tuve a 20 metros un buen rato si detectarlo hasta que escuché un ligerísimo ruido a mi derecha. De pronto, como un fantasma, vi una sombra moverse con sigilo. Se dirigía al maíz, así que cogí el rifle con muchísimo cuidado y apunté. Encendí el foco… y visto y no visto. Salió como un rayo, no me dio tiempo apuntarlo y lo fallé. Me había entrado por donde suelen hacerlo, por la parte de la ribera que mira hacía el cortijo. Algunos dan un rodeo para asegurarse y coger los aires. El puesto estaba muy bien colocado, en lo alto de una encina, y el aire baja un poco más lejos, así que el jabalí, cuando entra en la caja de la ribera, es muy difícil que te “saque”. Es una trampa mortal. Me propuse tirar otro guarro antes que terminase el mes de agosto. El charcón estaba muy tomado ya que, aparte del que tiré, entraban dos jabalíes más. Y nunca fallaban. El 18 de agosto, con media luna y vientos de oeste, lo tiré a las 22:30 horas. La noche estaba completamente tranquila y con luz suficiente para ver la caja de la ribera. Atento estaba cuando de pronto escuche un leve ruido. <<Ha entrado confiado y sin recelo>>. Seguro que es un primaron, y ha entrado por el mismo sitio que el que fallé la semana pasada, por la parte de la ribera del cortijo. Pude sentir cómo se introducía en el charcón y se ponía a hociquear en una parte que no dominaba ni veía, así que tranquilo, esperé que se moviera. Al rato distinguí una sombra y, gracias a la media luna, le pude ver perfectamente. Esperé que se acercara más para asegurar el tiro. Venía lombriceando muy tranquilo. Lentamente me encaré el arma y, después de unos segundos apuntándole, disparé. Cayó fulminado. La bala le entro por la oreja y le salió por el cuello. Era un garro arocho de más de 110 kilos de peso y con una “boca” que no correspondía a su cuerpo. Una semana después de este lance no había vuelto a entrar un solo jabalí en el charcón, pero no perdí la fe en que pronto lo hiciera alguno. El charcón ya no tenía agua, pero sí bastante barro que aguantaría aproximadamente un mes. Al poco vi señales de que, por fin, lo había visitado una piara de cinco o seis guarro. Habían revuelto todas las piedras y comido del maíz, a esto le siguió un guarro grande, pero aunque me aposté dos noches no vi nada.
 
                                                                                    El más emocionante.
Había pasado más de un mes desde que cargué el arocho en mi Nis-san y aún albergaba esperanza de abatir otro jabalí. Mi instinto no falló. Fue, quizás, el lance más emocionante de los tres. Era 25 de septiembre, y nada más subirme al puesto, vi que el charcón estaba muy hociqueado. Al poco cayó la noche, dejando el mundo a oscura, cuando sentí un ruido lejano que producía de mi derecha. Guardé silencio durante más de 15 minutos, lo que el guarro estuvo parado. Después se oyó el crujir de una hoja seca dentro del charcón. El jabalí no había hecho un solo ruido al entrar. Yo miraba y miraba, pero era incapaz de ver algo con la única luz de las estrellas. Le escuché más cerca. Tenía el rifle en mis manos y, lentamente, me lo encaré apuntando hacia aquel ruido. No quería encender el foco para que no me volviera a suceder lo del mes anterior. Por fin, aunque a duras penas, vi una sombra. Por la forma de moverse, mi corazón me decía que era un guarro bueno. Encendí el foco y ahí se quedó, mirando a la luz. Un disparo rápido y después… silencio. Volví a darle al foco. Había caído fulminado. Aguante sin moverme unos minutos y baje del puesto muy despacio, acercándome con precaución y, por si acaso, con el rifle en la mano. Pero sabía que estaba muerto. Encendí el foco para verlo. Un buen guarro serranito negro como la mora y con una bonita boca. Había entrado a las 21:30 horas con vientos del noroeste y por el mismo sitio que los otros.

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Re:CHARCÓN DE AGUAS QUERENCIOSAS
« Respuesta #1 en: Diciembre 21, 2019, 01:34:52 pm »
Enorabuenas por los relatos y por querer compartrlos. Gracias.
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Re:CHARCÓN DE AGUAS QUERENCIOSAS
« Respuesta #2 en: Enero 01, 2020, 11:48:26 am »
Que buenos que son esos aguardos a las bañas querenciosas y que dificil tomarles la medida pues parecen blindadas por los aires. Mas habras abatido en ese charcon ya que el puesto estaba donde debia.
Si abates la mitad de lo que tiras, eres muy bueno, pero si tiras, solo, a lo que puedes abatir, eres de lo mejor.
La caza, la pesca y cuidar nuestro entorno, son nuestras herencias, respetemoslas.

 

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